EL DÍA QUE DIOS ME DEJÓ SIN EXCUSAS.

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Por Kenneth Rojas

¿Quién dijo que aceptar el desafío de servir a Dios era sencillo? Y si alguien lo dijo, o nunca ha servido a Dios de ninguna manera, o es un gran mentiroso.

Por supuesto que tomar el paso de aceptar tu asignación en la vida, y caminar en fe hacia donde Dios te lo indique requiere de valentía. Si fuera tan fácil, todo el mundo lo haría ¿no te parece?

Es precisamente por eso que nos cuesta tanto asumir nuestro lugar en el reino de Dios. Es por eso que argumentamos con Dios. Es por eso que ponemos tantas excusas. Algunos somos verdaderamente creativos cuando se trata de inventar razones para evadir nuestra responsabilidad. Sin embargo, por creativas que sean nuestras excusas, Dios es conocido por ser bastante insistente (por no decir testarudo) cuando tiene un proyecto especial para una vida.

Desde que era un niño, escuchaba una y otra vez que Dios me había escogido para desarrollar una tarea de transformación en medio de mi generación. No te imaginas lo sofocante que es crecer sabiendo que los ojos de toda tu familia, tus pastores, incluso los ojos de tu perro, pero principalmente los ojos de Dios están sobre ti, esperando a que hagas algo de trascendencia.

Me convertí en un experto evadiendo mi llamado durante años. Pero por más que lo intenté, Dios nunca desistió. Si algo aprendí acerca del llamado de Dios, es que no existe manera de huir de él.

Estas fueron algunas de mis excusas y mira cómo Dios las hizo pedazos. Podrían ser también tus excusas. Así que permíteme ayudarte y ahorrarte un poco de tiempo, para que tan pronto como sea posible puedas ponerte en movimiento y avanzar hacia el cumplimiento de la misión a la que has sido llamado.

No soy capaz:

Una y otra vez, traté de señalar mis evidentes limitaciones. Nunca fui el más fuerte, ni el más valiente, ni el mejor parecido, tampoco el más talentoso. Yo necesitaba que Dios se diera cuenta de eso. De esa manera él podría llamar a otro que sí tuviera las capacidades necesarias. Pero para mi sorpresa, Dios ya lo sabía.

Lo que más me sorprendió fue el hecho de que a pesar de mis limitaciones él decidiera seguir adelante con su proyecto para mi vida. Luego comprendí que Dios no te llama por lo que tú eres capaz de hacer en él. Dios te llama por lo que él es capaz de hacer en ti.

A Gedeón, un hombre lleno de miedo, que se encontraba escondiendo la cosecha de trigo para que sus enemigos no la robaran, Dios se le aparece y lo saluda de la siguiente manera: ¡Varón esforzado y valiente!

Eh… Señor… Creo que se equivocó de casa. Aquí no vive nadie esforzado o valiente. Esta es la clave: A Dios no le importa lo que yo pienso acerca de mí. Es suficiente con lo que él piensa acerca de mí.

2. No tengo los recursos necesarios:

¿Alguna vez pensaste que Dios se burlaba de ti, al darte un sueño tan grande que no tenías los recursos para alcanzarlo? Si es así… bienvenido a mi mundo.

De verdad, en ocaciones pienso que en el cielo se ríen cuando ven nuestra reacción ante desafíos tan grandes. No puedo evitar pensar que Jesús se rió a escondidas, cuando con dos panes y cinco peces, ordenó a sus discípulos que alimentaran a una multitud de cinco mil hombres. Debo ser honesto contigo. En más de una ocasión me quejé con Dios por darme ideas o sueños más grandes que las yo podría cumplir. Me parecía muy injusto.

Así que le rogaba que buscara a otra persona. Una que sí tuviera los recursos necesarios. Me costó mucho tiempo comprender esto, pero luego todo fue muy claro. Dios no sabe nada de matemáticas. Tampoco las necesita. Y por lo tanto no le importan.

Por otra parte, está el hecho de que la fe tiene la tendencia a crecer más cuando no hay recursos o posibilidades que cuando sí los hay. Y adivina qué… Dios está muy interesado en que tu fe pueda crecer. La presencia o ausencia de recursos nunca ha sido un obstáculo para Dios. Piensa en esto: todo el universo fue creado por el poder de su palabra. Él llama a las cosas que no son como su fueran.

Los llamados imposibles, son los llamados favoritos de Dios.

3. No tengo nada para dar:

Una de mis canciones favoritas de Marcos Brunet inicia diciendo “no tengo nada para ofrecer”. Y esto es muy cierto. Cuando se trata de Dios. Pero no cuando se trata de darle al mundo. De hecho, el mundo necesita lo que tú tienes para ofrecer.

Mira, si hay una persona que pensaba que no tenía absolutamente nada extraordinario, que pudiera aportar algo de valor a esta generación, ese era yo. Sin embargo, poco a poco me fui dando cuenta de que Dios había depositado en mí, mucho más de lo que yo mismo era capaz de ver. Tú no eres una excepción.

Tienes una historia que contar. Tienes un mensaje para dar. Hazlo de acuerdo a la gracia que Dios te ha dado. De acuerdo a los dones que se te han concedido. Y no me refiero solamente a cantar o predicar.

Las posibilidades de impactar y transformar vidas están en todas partes y de maneras tan creativas que son casi ilimitadas.

¡Solo hazlo!

¿Cual es la clave? Sé lleno del poder de Dios.

Nunca sabrás lo que eres capaz de dar al mundo, hasta que seas totalmente poseído por Dios. Permite de una vez que Dios destruya tus excusas y ponte a caminar. El propósito por el cual fuiste creado y para el que has sido llamado, te está esperando.

Hazlo Personal ¿Cuál ha sido tu principal excusa delante de Dios, para evitar tu llamado? ¿Qué verdad bíblica te ayuda a ser libre de esa excusa?

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