Es tiempo de hacer un cambio.

Imagina esto: un par de graduados ingleses, trabajando en restaurantes y combínalo con un préstamo educativo de 80,000 dólares.

Así nos encontrábamos  mi esposo y yo cuando nos casamos en 2011, en la recta final de la recesión económica de los Estados Unidos. Al principio, era algo encantador empezar nuestro matrimonio con un apartamento con un hueco en la pared, soñando con todo lo que haríamos cuanto estuviéramos libres de deudas mientras nos sentábamos en el piso y cenábamos huevos revueltos. Pero cinco años después, difícilmente se notaba la disminución de aquella deuda. Y ese pensamiento constante de deberle tal cantidad de dinero a una persona es, bueno, estresante.

Pero no estamos solos.

De acuerdo con un estudio en la Asociación de Psicología Americana (American Psychological Association),  la generación más estresada de todos los tiempos son las personas desde los 18 hasta 35 años, y así nos hemos ganado el nombre de “Generación Estrés”.

Deudas de préstamos estudiantiles, aunque importante, solo es una pieza del  rompecabezas. Combínalo con un desfavorable mercado laboral, salarios mínimos y sueños aplazados, y así nosotros los mileniales tenemos infinidad de razones para estar ansiosos.

Y realmente, créditos estudiantiles o no, todos nosotros nos enfrentamos a momentos y temporadas estresantes. Como cristianos, esto no es ninguna sorpresa: la Biblia incluso nos dice que nos anticipemos a las pruebas y el sufrimiento. Pero para muchos de nosotros, el estrés se ha convertido en nuestro estilo de vida y cuando no le ponemos límites, puede progresar hasta volverse ansiedad y robar la esperanza de vida que Jesús nos dio al morir (1 Pedro 1:3).

A pesar de tener repercusiones físicas y mentales, cuando el estrés se vuelve el centro de nuestras vidas, se convierte en un problema espiritual. Es tiempo de hacer un cambio.

EL ESTRÉS DESHONRA NUESTROS CUERPOS

Si alguna vez has estado exhausto o has sufrido por un dolor de cabeza, sabes entonces que el estrés se manifiesta físicamente. Los reportes de la Asociación demuestran que el 82% de los mileniales que han experimentado estrés en el mes anterior dicen que este estrés ha tomado una porción de su salud física y mental- un escenario tan común que el 90% de las visitas al doctor en Estados unidos es por enfermedades relacionadas al  estrés.

El estrés también puede impulsar comportamientos no sanos, como abuso del alcohol, desórdenes alimenticios y en el sueño- los cuales todos tienen consecuencias en sí mismos. El Apóstol Pablo nos instruye en 1 Corintios 6:19 a honrar nuestros cuerpos porque en ellos mora el Espíritu Santo.

Vivir el estrés como estilo de vida daña nuestro cuerpos y nuestra mente, los cuales ya Él compró por un precio.

EL ESTRÉS REDUCE NUESTRA CAPACIDAD PARA AMAR A OTROS

Jesús nos dijo que el segundo gran mandamiento, después de Amar a Dios, es amar a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Estamos hechos para vivir y servir en comunidad, animando el cuerpo de Cristo a nuestro alrededor. Pero los estresados mileniales, de acuerdo con APA (American Psychological Association), tienden a sentirse más aislados y solos debido al estrés.

También son más propensos a desconectarse a través de mecanismos de supervivencia poco sanos como dormir y ver televisión en exceso, lo cual solo propaga más la enfermedad. ¿Cómo podemos llevar el mensaje de esperanza de Dios cuando estamos aislados o peor aun, si permitimos que nuestras circunstancias roben nuestra esperanza  completamente?

El estrés nos cambia el chip a ‘modo supervivencia’ para que podamos enfocarnos en nosotros mismos, a costa de permanecer en la comisión que Jesús nos dio de amar a otros.

EL ESTRÉS NOS DETIENE A LA HORA DE ADORAR

También estamos hechos para adorar al Dios que nos creó mientras mantenemos una relación con Él, alabándolo en todas las circunstancias (1Tesalonicenses 5:18). En mi experiencia, el estrés es como la visión de un túnel. Permitimos que nuestras circunstancias sean mayores que Dios, y durante mucho tiempo, es lo único que podemos ver-y nos impide adorar a Dios porque no lo estamos mirando a Él.

EL ESTRÉS ES FALTA DE FE

En el movimiento del día a día para salir de la deuda y hacer más dinero para que podamos perseguir nuestros sueños, podemos desbaratarnos a costa de lo que está justo en frente de nosotros.

Nos hemos acostumbrado tanto al estrés, que ha comenzado a moldear lo que pensamos y sabemos sobre Dios. Y la raíz responsable de este tipo de estrés es incredulidad. Un estilo de vida de estrés demuestra un método de supervivencia llamado “Dios no está en control”. Es impotente, desesperado y triste. Y francamente una respuesta ofensiva contra el evangelio.

Si lo que Dios dice es cierto, y Jesús murió para llevar las cargas demasiado pesadas para ser llevadas por nosotros mismos, deberíamos entonces ser las personas más felices del mundo. Así que mientras, tal vez, no seamos capaces de cambiar nuestras circunstancias, es tiempo de cambiar nuestra perspectiva sobre ellas, para el bienestar de nuestra salud, nuestras relaciones y por sobretodo, nuestras vidas espirituales.

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