BY: TIMOTHY KELLER

En mi iglesia generalmente hablamos de servir, fortalecer y renovar a nuestra ciudad, Nueva York. Cuando hablamos así, debemos ser cuidados para no negar la “gracia común”. Creemos que Dios le da a todas las personas –no solamente a los cristianos –talentos y visión para preservar y cultivar la vida humana. Pero qué ocurriría si el cuerpo de Cristo aquí en el Centro de Nueva York, supongamos como ejemplo, se triplicara en la próxima década? ¿Qué diferencia haría eso? He venido hablando con los ancianos y pastores influyentes en la ciudad sobre la visión de nuestra iglesia y como queremos que se vea durante las próximas décadas; y esto es lo que vemos:

 

  1. una explosión de filantropía radical: muchas personas no entran a esta nueva moda hasta que no sean exageradamente ricos y puedan donar miles de dólares. Aun así, estudios muestran que los cristianos han adoptado una cultura filantrópica incluso mucho antes de tener una riqueza significativa. Hay una voluntad a limitar su estilo de vida y consumismo para dar unas alarmantes cifras de dinero. Creo que los cristianos generosos podrían aprender a ser un poco menos paternalistas e involucrarse con las verdades necesidades de la comunidad y ser mejores padres con aquellos que lideran varios ministerios y obras de caridad.

 

  1. Un incremento en el trato formal y un pluralismo verdadero: Aun en las culturas democráticas occidentales, los grupos que han mantenido los reinados de influencia en la cultura siempre han excluido y silenciado voces poco populares y puntos de vista minoritarios; y no solo han dicho que están equivocados sino que han sido mezquinos con estos grupos. Nunca ha habido genuinamente hablando una sociedad pluralista en condiciones de igualdad para todas las opiniones –una en la cada punto de vista tenga el derecho de ser escuchada sin marginalización ni difamación.

Humildes cristianos enamorados del evangelio podrían trabajar unos con otros para la creación de una cultura en donde las personas con creencias completamente diferentes finalmente podrían ser libres para expresar quienes son y practicar lo que ellos creen.  –y si ellos tratan a otros con respeto, pueden esperar ser respetados de la misma manera.

 

  1. La recuperación de la cultura de la “vocación” Robert Bellah en su libro ‘Los hábitos del corazón’ explicaba lo que él mismo llamaba “la santidad de lo individual” –de decisiones individuales que te llevan a la felicidad individual –lo cual no ha sido compensado en nuestra cultura (como sí lo era en el pasado) por el carácter sagrado de cualquier otra cosa. Nuestra cultura no tiene otra cosa más importante que la libertad individual que nos une. Como resultado, el tejido social se está deshilando. Sin embargo, este autor piensa que hay una forma de renovar la cultura. “La reapropiación de la idea de vocación o llamado”. Es decir, “el trabajo como una contribución al bien de todos y no sólo como un medio para el propio avance”. “(Bellah, hábitos del corazón, pp.287-288.) Si los cristianos en la ciudad de Nueva York pudiéramos demostrar lo que significa, esto podría comenzar a propagarse por todo el país. Entre otras cosas, implicaría más integridad en nuestro trabajo y  semanas de trabajo.

 

  1. Esperanza y comunidad en las artes. El arte contemporáneo está dominado ya sea por la teoría crítica o por el comercialismo. Gran parte del arte está dirigido a transgredir y desacreditar todas las normas sociales con el fin de liberar al individuo. O está diseñado para provocar de una manera tal, para que sea atractivo a los ojos y a los ingresos. Es posible que los cristianos que trabajan con las artes puedan traer mucha más esperanza y menos nihilismo, y podría expresar visiones en comunidad y compartir valores.

Si hubiese cientos de miles más de cristianos que trabajaran en el sector financiero, el gobierno, los medios de comunicación, el mundo del arte, y en las fundaciones y las organizaciones no gubernamentales de la ciudad de Nueva York, podríamos tener un impacto mucho mayor de lo que podemos imaginar y así beneficiar a todos. ¿Sería demasiado esperar que la “sal” que los cristianos podrían traer a nuestra cultura podría dar lugar a una nueva curiosidad acerca de la “luz” que nos motiva?

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