Como recuperarse después de una gran decepción.

Estar decepcionado apesta. Creo que la población en general estaría de acuerdo con eso.

Me considero una persona optimista. Una persona que ve el lado bueno. La decepción arruina mis vibras de optimismo más rápido de lo que puedes decir “ugh”.

En mi pensamiento sobre este tema, la decepción me golpea más profundo que a otras personas. La mayoría de la gente dice que solo pueden “seguir adelante”. Esas personas son mejores en esto de la vida que yo, porque la decepción me hace cuestionar la dirección de mi vida y mi valor.

La decepción me aísla y me pone al límite con los demás. Puede conducir a una sensación de impotencia y desaliento. Se puede evitar en algunas situaciones, pero en última estancia, la decepción es algo que todos experimentamos. Cada uno de nosotros ha experimentado el choque y el dolor de una expectativa insatisfecha, ya sea auto infligido o no. Mi método favorito para lidiar con la decepción es la evasión, pero definitivamente no estoy por encima de una buena auto-compasión a la antigua. Debido a que no soy el mejor ejemplo de cómo lidiar con la decepción, me gustaría mirar como dos personajes de la Biblia lidiaron con malas noticias.

Dos reyes, dos situaciones difíciles, dos respuestas que podemos usar para aprender. Vamos a ver:

El rey David cuando hace de su vida un desastre

El rey David era el ungido del Señor. Él era el niño de oro de Dios y él era descrito en la Biblia como un “hombre según el corazón de Dios”. El rey David cometió un gran conjunto de errores, uno que tendría repercusiones en su linaje mientras su familia estuviera viva. David, el joven que confió en el Dios de Israel en el campo y que se convirtió en el rey más grande de la historia de Israel, cedió a la lujuria, la codicia y el asesinato y CASI se sale con la suya. Si tuvieras que leer 1 y 2 de Samuel, leerías la asombrosa historia de David y cómo Dios, aun después de la caída de gracia, cumple su promesa de establecer a David y a su herencia para siempre.

David no es el único de los hijos de Dios que experimenta un profundo error en su camino. Tal vez tú estás viviendo en las consecuencias de tus errores hoy y solo puedes culparte a ti mismo. Nadie sabía cómo saldría todo cuando tomaste ese giro equivocado, y tu estas pagando por esa decisión o la falta de ella hasta este día. Puede que hayas perdido la esperanza de que tu circunstancia cambie para mejor, pero David nos muestra cómo responder cuando hacemos nuestro propio lío. En el Salmo 51, clama a Dios en humildad y arrepentimiento:

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga. Cuando su error fue expuesto, él no lo negó. Él no se excusó. Él reconoció que su pecado fue primero contra Dios y lo confesó. Entonces, se volvió hacia el Dios que él había entristecido y le pidió que lo restaurara.

Lo que he recogido de esta situación es que si tú hiciste tu propio lío (si pecaste o no), y estas decepcionado de tus decisiones y sus consecuencias, estos son los pasos que debes tomar:

Humildad: el orgullo te impedirá experimentar el poder restaurador de Dios. No puedes manejar tu decepción sin este primer paso. Deja que la situación te lleve a un lugar de claridad con Dios y su plan.

Enfrenta tus decisiones: no evites ni saques excusa por qué hiciste lo que hiciste. Toma la responsabilidad. No pretendas que no sucedió o que no te afectó. Ocurrió, míralo por lo que es y aprende de él. Nada más y nada menos.

Derrama tus sentimientos honestos a Dios: Dios es misericordioso. Él se deleita en mostrar misericordia a aquellos que genuinamente vienen ante él como sus hijos. Él sabe lo que estás pensando, la honestidad de ti es un paso hacia la intimidad con Dios.

Deja que Dios te restaure: tal vez puedes estar viviendo en las consecuencias, pero el poder restaurador de Dios puede traer todo devuelta en un momento. Aférrate a la esperanza.

Cuando hacemos un desastre en nuestras vidas, el poder restaurador de Dios puede convertir la mayor decepción en la muestra más poderosa de la bondad de Dios.

El rey Ezequías: el peor de las malas noticias

El rey Ezequías sirvió al Señor fielmente como rey de Judá desde los 25 años. En el segundo libro de reyes capítulo 18,  dice que no había rey como él en todo Judá, antes o después de él. Confiaba en Dios y dependía de Él para la liberación de Israel muchas veces. Este tipo era perfecto. En 2 de reyes capítulo 19, Dios rescató a Israel de sus enemigos y parecían estar saliendo de una “experiencia encima de la montaña” con Dios.

Ezequías debía sentirse demasiado optimista acerca de cómo iban las cosas para él y su gente. En 2 de reyes 20 vemos que él se enferma tanto, está a punto de morir cuando el profeta Isaías viene a él para hacerle saber que ha llegado a sus últimos días. Ezequías vuelve su rostro para orar al Señor y llora amargamente, pidiendo al Señor que recuerde su fidelidad y su devoción de todo corazón.

¿Alguna vez has sido sorprendido por malas noticias? ¿Las cosas iban súper bien para ti y de pronto alguien cercano a ti fallece o fuiste agobiado financieramente? Esas cosas pueden venir de la nada. Nadie puede explicarlo, nadie puede dar ningún consejo real sobre cómo manejarlo, simplemente parece que no hay nada que nadie pueda decir para hacerlo mejor.

Seamos honestos. Obtener malas noticias no es fácil de aceptar. Los sueños pueden desaparecer. Las esperanzas se aplazan. Las expectativas para tu vida y la forma en que podría ir, parece estar “en el aire” a medida que luchas para tratar de encontrar algo firme para estar de pie. Ezequías comprendió eso. Pero Ezequías también sabía cómo responder a su decepción de una manera que provocara una respuesta de Dios. Esto es lo que podemos aprender de Ezequías:

Exteriorizar los sentimientos: déjalo salir en un lugar seguro. No suprima su dolor o frustración, encuentra una salida y vierte tus emociones en esa salida. Asegúrese de no dejarlo salir a otra persona, pero de una manera saludable, encuentra una manera de sentir la gravedad de lo que te está sucediendo. El rey Ezequías lloró amargamente.

Conversa con Dios íntima y honestamente: El significado de Ezequías volviendo su rostro a la pared para orar fue alejarse de los espectadores. Aunque tenía noticias devastadoras, sabía a quién dirigir su preocupación. Él no evitó a Dios o se revolcó en la autocompasión. Él trajo su preocupación ante el Señor porque creía en esta verdad: Dios se preocupa por lo que sientes y desea responder a tu angustia.

Confíe en la bondad de Dios: Aunque podemos hacer la pregunta “¿por qué?” Dios no siempre nos da la respuesta que buscamos. Del resto de 2 Reyes 20 aprendemos que Dios responde a Ezequías y dice: “He oído tu oración y visto tus lágrimas; Yo te curaré”. Dios añade 15 años a la vida de Ezequías y lo libera del rey de Asiria.

Dios nos ve y nos oye cuando oramos. No siempre resulta así, pero Dios es capaz y está dispuesto a intervenir en una situación. Sé que Él movería el cielo y la tierra para comunicarnos. Él no es desalmado ni ocioso, sino que Él es activo e involucrado y desea cuidar de nosotros cuando lo necesitamos.

La decepción es un sentimiento universal. He aprendido en mi propia vida que la decepción, auto infligida o no, no es un callejón sin salida. La decepción es una puerta. Una puerta a mi propio crecimiento de carácter, a un resultado que muestra la bondad de Dios, a una relación más profunda con mi Padre Celestial. Si hoy te encuentras en las trincheras de la decepción, trátalo como tal. Camina a través de la tierra y en los brazos restauradores y atentos de Dios y Su plan para tu vida

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