“Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones. Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca.” Hebreos 10:24-25 (NTV)

 

Algunos de nosotros dudamos en comprometernos a desarrollar un plan intencional de crecimiento que requiera responsabilidad o relación con otros porque creemos que el crecimiento espiritual es un asunto personal y privado. Elegimos creer que cada persona se desarrolla a su manera y a su propio ritmo.

 

Esto es una desviación de la verdad. La tesis  del individualismo nos ha influenciado incluso en la forma en que pensamos en el crecimiento espiritual. Muchas de las enseñanzas sobre la formación espiritual son egocéntricas y centradas en nosotros mismos sin ninguna referencia a nuestra relación con otros cristianos.

 

Esto es completamente anti-bíblico e ignora gran parte del Nuevo Testamento. Los cristianos necesitamos relaciones personales para crecer. No crecemos aislados de los demás. Nos desarrollamos en el contexto del compañerismo.

 

Una y otra vez en el Nuevo Testamento encontramos esta verdad básica: ¡Los Creyentes necesitamos relaciones personales para crecer! Hebreos 10:24-25 dice, “Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones. Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca.” (NTV).

 

Dios quiere que crezcamos en medio de una comunidad, la familia de la fe.

 

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