¿Crees que has tenido un mal día? Job tiene un doctorado en dolor y tragedia. En el primer capítulo del libro de Job, después de que todo se vino abajo en su vida, “Job se levantó y rasgó su vestido en señal de dolor; después se rasuró la cabeza y se postró en el suelo para adorar” (Job 1:20 NTV).

Job expresó de inmediato su dolor a Dios. Esto nos enseña que cuando tengamos una pérdida grande en nuestra vida, lo primero que debemos hacer es decirle a Dios exactamente cómo nos sentimos.

Esto puede sorprenderte, pero Dios puede encargarse de tu ira y frustración. Él puede manejar tus emociones. ¿Por qué? Porque él te las dio. Tú fuiste hecho a la imagen de Dios, y él es un Dios que siente.

Cuando la relación de tus padres no va bien, una relación sentimental acabó en malos términos o  tus hijos se comportan terrible. Tu puedes manejar eso. Dios es más grande que tu emoción y está bien decirle exactamente cómo te sientes. Cuando oras por un ascenso, pero no sucede, cuando un ser querido se va de tu vida, cuando recibes la temida llamada diciendo, “Es cáncer”, puedes decirle a Dios, “Estoy loco. Estoy molesto. Estoy frustrado. Estoy asustado. Tengo dudas. “Dios puede manejar tus quejas, tus preguntas, tu miedo y tu dolor. El amor de Dios por ti es más grande que todas tus emociones.

Mis hijos saben que los amo. Ellos saben que he estado en este planeta más tiempo que ellos y que tengo más experiencia de la que ellos tienen. Pero mis hijos a veces cuestionan mi juicio. ¿Puedes creerlo?

Yo, prefiero tener una honesta y sincera conversación con ellos, en vez de que su frustración y decepción se queden dentro de ellos. ¡Dios es de la misma manera! Él preferiría tener que luchar contigo cuando estás enojado, en lugar de que camines separado, apático e indiferente.

La respuesta correcta ante la tragedia inexplicable no es “sonreír y soportarlo”.  Lamentaciones 2:19 “Levántense durante la noche y clamen. Desahoguen el corazón como agua delante del Señor” (NTV).

Reflexiona sobre esto:

  • ¿Quién es la primera persona con la que hablas habitualmente acerca de tus problemas? ¿Por qué confías en esa persona?
  • ¿Cuáles han sido los efectos físicos y emocionales de mantener el enojo contra ti mismo?
  • ¿Qué puedes hacer para ser más honesto con Dios en tus oraciones? Dios te escucha mientras derramas tu corazón. ¿Cómo cambiará esta verdad tus oraciones desde hoy?

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