Soluciones Juveniles

Este empeño de separarnos de lo secular responde a nuestra necesidad de agradar a Dios y apartarnos del pecado, es decir, santificarnos para Dios. Lo santo es algo que va a favor de Dios, cumple sus leyes, lo promueve porque está apartado para Él.

Visiblemente, lo que no es santo es todo aquello que pervierte la Palabra de Dios, sus principios y no promueve a Dios porque está apartado de Él. El problema es creer que estar separado para Dios significa apartarnos de nuestro entorno. Eso es un error porque Daniel vivió en una de las sociedades más corrompidas para su época, como lo fue la babilónica, hasta el punto que Jesús dedica varios versículos en contra de Babilonia en el Nuevo Testamento; pero a pesar de esto Daniel se mantuvo separado para Dios, como una persona santa. José igual, en el medio de Egipto estuvo separado para Dios hasta el punto de que la gente comentaba que Dios estaba con él.

 Muchas veces vamos a ver en la Biblia la historia de hombres que caminaron donde otros nunca se atrevieron, guiados por la mano de Dios. Entonces, la santidad es la cualidad de estar separado para Dios, incluso en lugares distintos a la iglesia. Puedo estar separado para Dios en mi lugar de trabajo, en mi desempeño político o en las artes, el deporte, como escritor o siendo conferencista. Obviamente, santidad es un título que se nota, es decir, debe haber evidencia de ella, por cuanto la fe sin obras es muerta (Santiago 2:14-17) y porque de alguna manera a través de ella damos testimonio de haber sido transformados mediante la fe (Mateo 7:20). Al igual que con el tema de lo secular y lo eclesiástico, hay cosas que son santas y otras que no. De nuevo entra en juego nuestra capacidad de evaluar entonces si todas las cosas que no son santas son malas.

No creemos que Dios santifica las cosas, por ejemplo, un carro. En sí mismo el vehículo no es malo pues no va en contra de los valores ni los principios de la fe; pero la manera en cómo soy o no un buen conductor -respetando las leyes de tránsito y las normas de convivencia ciudadana- hace la diferencia. Otro ejemplo: el dinero como tal no es malo, pero dice la Biblia que el amor al dinero sí lo es, es idolatría (1 Timoteo 6:10).

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24)

No podemos seguir separados del mundo. Los cristianos estamos llamados a construir puentes a la sociedad desde el lugar en donde nos encontremos. Hacemos énfasis en que este pasaje dice “en todo lo que hagamos”, es decir, como ciudadanos, integrantes de una familia, estudiantes, empresarios… todo lo que hagamos debemos hacerlo con pasión, de buena gana, de buena manera, como para el Señor y no para los hombres.

Reflexiona en esto:

  • ¿Cuál es el puente que debo construir desde mi lugar para alcanzar mi generación?
  • ¿Qué concepto tenía de santidad y cuál tengo ahora?
  • ¿Estoy agradando a Dios con mi forma de vivir?

Soluciones Juveniles About Soluciones Juveniles