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Tag Archives: amor

¡Trae tu amor y trabajemos juntos!

“Hagan todo con amor” 1 Corintios 16:14 (NVI)

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¿Necesitas un Trasplante de Corazón?

“El miedo a los hombres es una trampa, pero el que confía en el Señor estará protegido.” Proverbios 29:25 (DHH)

Si estás deseando controlar la ira en tu vida, debes basar tu identidad en Jesús, entendiendo que Él te ama incondicionalmente, que eres valioso y que Él tiene un propósito y un plan para tu vida.

Si estás edificando tu identidad en cualquier otra cosa, lucharás con la inseguridad toda la vida. Puedes construir tu identidad en tu trabajo, pero puedes perder el trabajo. Puedes construir tu identidad en la buena apariencia que tienes, pero podrías perder tu apariencia. Puedes construir tu identidad en la persona con la cual te has casado, pero él o ella van a morir. Puedes construir tu identidad en tu popularidad, pero no siempre vas a ser popular.

Si construyes tu identidad en cualquier otra cosa que puedes perder, vas a ser inseguro, y esa inseguridad es la raíz de tu ira. Hasta que no empieces a sentirte seguro de ti mismo, la gente estará “presionando tus botones” Cuando sepas lo qué eres y quién eres, la gente no puede “presionar tus botones”. La gente no puede hacerte poner fuera de control. La ira y la inseguridad van juntas. Cuanto más inseguro te sientas, mayor será tu ira.

La Biblia dice en Proverbios 29:25 “El miedo a los hombres es una trampa, pero el que confía en el Señor estará protegido” (DHH).

Cuando te enojas, tu boca revela lo que hay dentro de tu corazón. Una lengua áspera revela un corazón enojado. Una lengua negativa revela un corazón temeroso. Una lengua jactanciosa revela un corazón inseguro. Una lengua que habla sin detenerse revela un corazón inestable. Una lengua de juicio revela un corazón culpable. Una lengua que critica revela amargura en el corazón. Una lengua sucia revela un corazón impuro.

Por otra parte, una lengua que anima revela un corazón feliz, una lengua suave
revela un corazón amoroso y una lengua que se controla revela un corazón pacífico.

¿Sabes que necesitas deshacerte del problema de la ira? Necesitas un trasplante de corazón. Afortunadamente, Dios es especialista en trasplantes de corazón. ¡Y esto se llama Salvación!  Dios te da un corazón nuevo y una nueva identidad. No tienes que encontrar tu identidad en el trabajo o en tu cuenta de banco o en tu apariencia o en tus relaciones, porque tu identidad está en lo que Dios dice de ti.  

Jesús puede curar tres cosas que son las causantes de tu ira: dolor, frustración y miedo. Jesús puede curar tu corazón herido con su amor. Jesús puede remplazar tu corazón frustrado con paz. Jesús puede remplazar tu corazón inseguro con un corazón lleno de su fuerza y su amor.

Si levantas un bebe llorando y lo sostienes, el sentirá calor y seguridad, esta acción detendrá su llano. Esto calmará su enojo. Al igual, cuando te sientas seguro y aceptado en Jesucristo, tu ira se desaparecerá. 

Tal vez necesitas hacer esta oración hoy: “Querido Dios, admito que tengo un problema con mi enojo. Permito que otras personas me saquen de mi control, y no pienso antes de hablar. Te pido que me ayudes. Ayúdame a reflexionar antes de reaccionar. Ayúdame a aprender a liberarme de mi ira apropiadamente. Quiero encontrar mi identidad en ti. Me rindo completamente a ti. Sálvame. Amen”  

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Amor en Acción: Satisfacer las Necesidades de Otros

La Biblia dice en Juan 19:28-29, “Jesús sabía que su misión ya había terminado y, para cumplir las Escrituras, dijo: «Tengo sed». Había allí una vasija de vino agrio, así que mojaron una esponja en el vino, la pusieron en una rama de hisopo y la acercaron a los labios de Jesús.” (NTV).

La expresión “Tengo sed” fue el versículo de la vida y el tema de la Madre Teresa, quien fundó la Orden de las Misioneras de la Caridad, y el Hogar de la Madre Teresa para los Moribundos. En cada Hogar para Moribundos alrededor del mundo, donde se enfocan en los pobres de los pobres, hay un cuadro de Jesús en la cruz, con las palabras “Tengo sed”, porque la Madre Teresa dijo que es nuestro deber calmar la sed de Cristo ayudando a los necesitados.

No podemos ayudar a Jesús en la cruz. Eso pasó ya hace mucho tiempo. ¿Te puedes imaginar ser el soldado que dio algo de beber a Jesús? ¡Qué privilegio! Pero no podemos hacer tal cosa. Lo que sí podemos hacer es ayudar a quienes nos rodean.

La meta de nuestra existencia es saciar la sed de Jesús en la cruz por cada alma, y eso se muestra en nuestro amor en acción.

Amor en acción es cuando satisfacemos las necesidades de otras personas en su sed — física, emocional o espiritual — como una expresión de amor por Cristo, quien tuvo sed por nosotros.

Hay personas alrededor tuyo que están espiritualmente secas, pero nadie usa tal término. Estos son algunos sinónimos para la sed espiritual: aburrimiento, infelicidad, estrés, desesperación.

Las personas que están sedientas espiritualmente, tienen necesidades de propósito e importancia. Quieren escuchar una palabra de Dios. Quieren saber qué hacer con sus vidas.

“Ciertamente se acerca la hora … cuando enviaré hambre a la tierra, no será hambre de pan ni sed de agua, sino hambre de oír las palabras del Señor. La gente deambulará de mar a mar y vagará de frontera a frontera en busca de la palabra del Señor, pero no la encontrarán. En aquel día, las jóvenes hermosas y los muchachos fuertes se desmayarán, sedientos por la palabra del Señor.” Amós 8:11-13 (NTV)

¿No es esta una perfecta descripción de nuestra sociedad actual? La gente se ve bien exteriormente, pero está vacía en su interior. Están deprimidos, desanimados, derrotados, desesperados, insatisfechos, saltando de cosa en cosa, buscando lo que les dé satisfacción y sacie su sed.

¿Cuál es tu responsabilidad como creyente para con estas personas, y con el mundo?

La única manera en que puedes servir a Dios es sirviendo a las personas y ayudando a los demás en su nombre. Ayudar a saciar su sed compartiendo con ellos lo que Dios ha hecho para que sean completos.

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Libera tensiones hablando con Dios. No acumules más dolor.

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Como tener valentía para defender lo que crees.

“Si ante la gente alguien está dispuesto a decir que cree en mí, yo también lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.” Mateo 10:32 (PDT)

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Actor LIAM NEESON habla de su fe: Dios es amor. Si Dios fuera un maestro severo, yo habría renunciado a mi Fe.

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5 MANERAS PARA AYUDAR A TUS AMIGOS A TRAVÉS DE TIEMPOS DIFÍCILES

Por: Andrea Jongbloed

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Vivimos en una cultura de descontento, y las señales están por todas partes.

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REDEFINIENDO EL ÉXITO

POR: ABI STUMVOLL

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No Nos Corresponde Decidir Quien Merece Ayuda

3 principios para alcanzar a aquellos en necesidad.

Por CRAIG GREENFIELD

 

Mis vecinos fueron desalojados ayer.

Volví a casa y me encontré con todas sus pertenencias – un par de sabanas sucias, una almohada rosa y ropa – apiladas en un charco afuera de la puerta principal de mi casa.

Anteriormente, ellos vivieron amontonados en uno de los pequeños cuartos sin ventana de nuestro corredor. Aparentemente nuestra administradora (una señora muy difícil y adulta, dueña de varias casas por esta zona) decidió que ya no podía mas con sus peleas de borrachos. Entonces, madre, padre y cuatro hijos (edades entre uno y 12) fueron echados a la calle.  Se fueron antes de que me pudiera dar cuenta.  Su desoladora existencia se volvió más desoladora.

Pero aquí está el dilema: No hay duda de que la incesante manera de tomar y pelear de la mamá contribuyó con la situación en la que ahora se encuentran. Ella era difícil de querer y aún más difícil de ayudar. Ella rechazó a sus hijos para poder sentarse a tomar y jugar cartas con los vecinos. Ella gritaba a sus hijas cuando se les olvidaba cocinar el arroz o lavar la ropa, mientras se sentaba a no hacer nada.

LA OBRA DE DIOS AL TRANSFORMAR VIDAS, SE TRATA MUCHO MAS DEL AMOR DE DIOS QUE DE SI LOS BENEFICIARIOS LA MERECEN O NO. NADIE SE LO MERECE. ES POR ESO QUE NECESITAMOS LA GRACIA DE DIOS.

Entonces ¿por qué debería ayudarla?

¿Alguna vez te has dado cuenta de que hay algo en nuestra naturaleza humana que busca encasillar a las personas como “los pobres que merecen” y “los pobres que no merecen”? Fácilmente marcamos como “in merecedores” a aquellos que viven en pobreza y que no parece que trabajan suficientemente duro, o aquellos que pueden ser alcohólicos o adictos. Cuando ponemos a los niños y a aquellos que marcamos como que simplemente están pasando por tiempos difíciles en la categoría de “merecedores” de nuestra compasión y ayuda. Pero preguntar si la gente es “merecedora” o “in merecedora” de ayuda no es la pregunta correcta. Y cuando preguntamos incorrectamente, siempre tendremos la respuesta incorrecta.

Lo interesante es que Jesús lidió con este problema. En su tiempo, la incapacidad y pobreza estaban vistos como un resultado del pecado. Muchos en el mundo aún creen que es de esta manera. Lo llaman Karma – La idea de que tus pecados en tus vidas pasadas impactan directamente esta vida. Pero Jesús rechazó este análisis. Cuando los discípulos se atravesaron con un hombre ciego, ellos querían que Jesús les dijera quién causó su condición. En cambio, Jesús escogió mostrar la más importante verdad:

—Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida. (Juan 9:1-3).

Jesús dejó claro que la obra de Dios en transformar vidas se trata más del amor de Dios que de si los beneficiarios la merecen o no. Nadie se la merece. Es por eso que necesitamos la gracia de Dios. En Mateo 25, Jesús no categoriza a la gente basándose en si son “pecadores” ni los juzga por si ya han tenido múltiples oportunidades. Su obra fue simplemente para alcanzar a aquellos cuyas necesidades no habían sido alcanzadas y amarlos: “Tuve hambre. Tuve sed. Estuve desnudo. Estuve preso. Estuve enfermo”.

He aprendido a mantener estos tres principios en mente mientras me relaciono con aquellos que pueden ser vistos como “inmerecedores” en mi propia vida y ministerio. Y creo que te pueden ayudar a ti también:

  1. Extiende la misma Gracia quejas recibido.

“Haz a otros lo que quieras que te hagan a ti” es bellamente aplicable en esta situación. Después de todo, todos hemos pecado y nos hemos quedado cortos con los estándares de Dios para nuestras vidas. Si medimos cuanta gracia, perdón y amor merece cada uno de nosotros, tú y yo, nos quedaríamos cortos.

No estoy sugiriendo que ignoremos el pecado o permitamos a alguien comportamientos destructivos. Soy apasionado de la transformación. Pero reconozco esto “Ahí, pero por la gracia de Dios voy yo “. Yo no sé de cuáles demonios esté buscando escapar mi vecina. Yo no sé qué traumas o abusos ha sufrido ella por las manos de otros. Yo no la conozco lo suficiente para juzgarla. Solo Dios sabe. Entonces mi rol es simplemente amarla, servirle, y orar por un cambio.

  1. Busca comprender, en lugar de juzgar.

Somos rápidos para etiquetar a aquellos que vemos como in merecedores, usando términos como “divas” y “flojos”. Y al hacer eso, los juzgamos como in merecedores de nuestro amor y esfuerzo. Yo no creo que esta actitud refleja el amor de Jesús. En lugar de eso, busca comprender en lo individual que le sucede a una persona que es desmoralizada, envuelta en comportamientos destructivos, o buscando suplir sus necesidades de formas no saludables.

SI MEDIMOS CUANTA GRACIA, PERDON Y AMOR MERECE CADA UNO DE NOSOTROS, TU Y YO, NOS QUEDARIAMOS CORTOS.

Segundo, busca entender las razones sistemáticas de pobreza y como la gente terminó siendo marginada y echada fuera del sistema (y por tanto desmoralizada y envuelta en hábitos destructivos). Para aquellos de nosotros que venimos de trasfondos privilegiados, busca entender tus privilegios, para que puedas entender mejor la pobreza. Reconoce que es mucho más fácil para alguien con recursos recibir ayuda con una adicción o esconder el problema. Este es un punto ciego para la mayoría de las personas de un trasfondo pudiente y educado, pero es absolutamente crucial que nos involucremos en esta manera de pensar, o terminaremos  haciendo más daño.

 

  1. Haz Las preguntas correctas

La pregunta no es si la persona “merece” o “no merece”. La pregunta correcta es “¿Cómo puedo hoy extender de la mejor manera el amor de Dios a esta persona?” o “¿Cuál sería la acción más amorosa y transformadora en la vida de esta persona?” Estas preguntas nos invitan a alejarnos del juicio y acercarnos a la transformación. Estas preguntas nos permiten responder con el tipo de gracia que Jesús nos ofreció primero a nosotros.

Una noche, un par de semanas atrás, escuché el sonido de un llanto afuera de mi casa. Prendí las luces y al abrir la puerta, encontré a mi vecina alcoholizada temblando en el suelo, gimiendo y llorando. Ella había tomado mucho y tenía un ojo morado. Tuvo otra discusión con su esposo y estaba lista para desahogarse y dormir afuera. Me arrodillé detrás de ella, tratando evitar la suciedad en que estaba recostada, y la escuche hablar acerca de sus problemas por un tiempo. Ella había tocado fondo y lo sabía. Pero no podía ver una salida. Mi llamado en ese momento y en cada interacción con ella, es simplemente extender amor, gracia y tratar de ayudarla a encontrar un mejor camino.

Yo sé que Jesús puede sanarla y liberarla. Yo sé que cuando Dios la ve, El ve a su hija amada que desesperadamente necesita amor, gracia, perdón y transformación. Quizá ella no sea lo que la mayoría de personas, incluyéndome, vemos como “merecedora”. Y precisamente eso, es lo que nos hace excelentes candidatos para la gracia.

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Cuatro hábitos de un corazón feliz

Por Marshall Segal

La felicidad hoy en día no está garantizada y las personas se rehúsan a presuponerla.

 

La verdadera felicidad —del tipo que realmente se afirma como ancla del alma, nos satisface, nos inspira y es duradera— no es algo que podamos dar por sentado. No es una expectativa fácil, predecible o razonable, ni siquiera cuando se acercan la libertad y el descanso del fin de semana. La felicidad puede costar un arduo trabajo. Si eres honesto, realmente no necesito convencerte de eso. Ya habrás vivido demasiados lunes, demasiados jueves e incluso demasiados viernes.

 

Las razones por las cuales la felicidad tan comúnmente nos elude son los obstáculos que hay en nuestros corazones: el pecado que aún permanece, aún engaña y aún se opone a lo que es mejor para nosotros. Se mete sigilosamente en nuestras vidas de formas creativas y destructivas, con mentiras mortales, algunas evidentes e intolerables, otras sutiles y convincentes.

 

El Salmo 130 expresa en palabras un patrón de convicción, arrepentimiento, espera y alabanza que purifica al pecador y glorifica al Salvador. Sirve de paradigma para la búsqueda de la felicidad en medio de las realidades diarias de la tentación, la debilidad, el desánimo y las fallas.

 

El llanto

 

Desde lo más profundo, oh SEÑOR, he clamado a ti. ¡Señor, oye mi voz! Estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas. SEÑOR, si tú tuvieras en cuenta las iniquidades, ¿quién, oh Señor, podría permanecer? (Salmos 130:1-3)

La culpa es un sentimiento horrible y adecuado para el corazón humano. Todos hemos experimentado la muerte (Efesios 2:1) y nos regodeábamos en las profundidades del pecado, la ira y la destrucción segura (Efesios 2:3). Todos en un principio estamos en esa posición delante de Dios: sin excepciones, sin excusas y sin esperanza. Pero Dios… Por medio de la gracia, hemos sido rescatados del infierno, restaurados por la fe y renovados en Cristo.

 

No obstante, aun después del milagro de la resurrección —nos dio vida juntamente con Cristo, y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús (Efesios 2:5–6)— somos llamados a luchar día a día contra lo que quede de nuestra vieja naturaleza. El dolor por nuestros pecados es algo bueno y piadoso, siempre y cuando nos lleve a desear más de Dios y más de Su semejanza en nosotros. Hay una clase de culpa —un llanto— que nos atrae a Dios, no nos aleja de Él; nos conduce por Sus caminos de restauración, no hacia el aislamiento. Todos estamos condenados por nuestros propios actos, pero la misericordia de Dios triunfa por sobre todo mal y nos lleva de regreso a casa, a Su presencia.

 

La bienvenida

 

Pero en ti hay perdón, para que seas temido. (Salmos 130:4)

 

Somos bienvenidos en casa gracias al perdón inagotable de un Padre que de lo contrario sería aterrador. Él es temible y aterrador. Es decir, eso sería si no halláramos refugio en Jesús. Si no conocemos Su infinita santidad, poder y justicia, nunca lloraremos y nunca conoceremos la plenitud y dulzura de su perdón.

 

El Dios perfecto que castiga toda injusticia pagó por completo nuestra deuda cuando inmoló a Su Hijo en la cruz (Isaías 53:10). Y este Dios —nuestro Dios— perdona para ser temido. En cierto modo, Dios obtiene más gloria, más fama y más admiración en el mundo cuando salva a los pecadores. No renunció a su renombre para rescatarnos: lo resaltó y lo llevó a su plena realización. Él perdona y salva para ser visto por todo lo que Él es.

 

“Dios no renunció a su renombre para rescatarnos. Él perdona y salva para ser visto por todo lo que Él es”.

 

La espera

 

Espero en el SEÑOR; en Él espera mi alma, y en su palabra tengo mi esperanza. Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana; sí, más que los centinelas a la mañana.(Salmos 130:5-6)

Cuando conocemos a un Dios como el nuestro —el Dios omnisciente, justo y perdonador— esperamos en Él. No hay otra manera de responder a un Dios de tan terrible ira y tan misericordiosa bienvenida. Si hemos visto y probado que Él es bueno, nos despertaremos queriendo más de Él, pidiendo más de Él, haciendo el espacio en nuestros días, planes y sueños para que Él venga a nuestro encuentro.

 

De este lado del cielo, siempre estamos esperando. Esperando obtener la sabiduría para tomar esa decisión tan difícil. Esperando la solución que necesitamos en esa relación. Esperando que Él corrija las cosas a nuestro alrededor. Esperando que Él responda los difíciles interrogantes de nuestros corazones. Esperando que Él nos complete y nos santifique. Esperando a que Él regenere el mundo y todo lo que hay en él. Esperando a que Él finalmente lleve a sus hijos e hijas de regreso a casa. Nunca dejaremos de esperar hasta el regreso de Jesús.

 

Sin embargo, más que ninguna otra cosa, estamos esperando por Él: por más y más de Él. En todos los demás tipos de espera, también estamos esperándolo a Él. Él es el poder que nos sustenta y el camino que nos guía y el significado culminante de todas nuestras vidas. Todo es en relación a Él. “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas” (Romanos 11:36). Así que esperamos por Él y solo a Él.

 

La alabanza

 

Oh Israel, espera en el SEÑOR, porque en el SEÑOR hay misericordia, y en Él hay abundante redención; Él redimirá a Israel de todas sus iniquidades. (Salmos 130:7-8)

Mientras que de este lado del cielo siempre estamos esperando, Dios siempre está en movimiento. Siempre nos está dando razones para recordarlo, dar gracias y regocijarnos. Desde el momento en que creó la tierra, el sol y los mares, ha querido inspirar adoración. Y todo lo que Él hace es digno de alabanza: no por obligación y de mala gana, sino una alabanza espontánea y afectuosa, maravillada ante Dios. Todo lo que Él hace debería elevar nuestros corazones. Sus obras no siempre tienen ese efecto en nosotros, pero eso no es culpa suya. Todo acerca de Él es más bueno de lo que imaginamos, en especial la vida abundante que da a insurrectos infieles e indignos como tú y yo.

 

La esperanza que tenemos en Él no puede contenerse. No quedará atrapada en nuestros corazones ni en nuestros hogares, ni siquiera en nuestras reuniones de la iglesia. La esperanza es tan plena, tan real, tan cautivadora, tan transformadora, que corre dentro de nosotros frenéticamente buscando una manera de escapar, anhelando desesperadamente ser compartida con los demás: “Esperen en el Señor”.
La alabanza es la manera en que los redimidos respondemos al bien que tenemos en Dios. Es la invitación al mundo para que venga, compre y coma, sin dinero y sin precio. Es el sonido de la felicidad del alma en Él.

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Amor en Acción: Satisfacer las necesidades de los otros.

Amor en Acción: Satisfacer las necesidades de los otros.

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“Ciertamente se acerca la hora —dice el Señor Soberano— cuando enviaré hambre a la tierra, no será hambre de pan ni sed de agua, sino hambre de oír las palabras del Señor. La gente deambulará de mar a mar y vagará de frontera a frontera en busca de la palabra del Señor, pero no la encontrarán. En aquel día, las jóvenes hermosas y los muchachos fuertes se desmayarán, sedientos por la palabra del Señor.” Amós 8:11-13 (NTV)

La Biblia dice en Juan 19:28-29 “Después de esto, sabiendo Jesús que todo se había ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. Había allí una vasija llena de vinagre’ colocaron pues, una esponja empapada del vinagre en una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.”

La frase “Tengo sed” fue el versículo y el lema de vida de la madre Teresa, quien fundó la orden Misioneras de la Caridad y la Casa para los Moribundos. En cada casa para los moribundos que se encuentran  alrededor del mundo, y a donde llegan los más pobres de los pobres, allí  hay un retrato de Jesús en la Cruz  con las siguientes palabras: “Tengo sed”, la madre Teresa mencionó que es nuestro deber — saciar la sed de Cristo ayudando a los más necesitados.

No podemos ayudar a Jesús en la Cruz. Eso es pasado. ¿Puedes imaginarte ser aquel soldado quien dio a Jesús de beber? ¡Qué privilegio! No podemos hacer eso. Pero si podemos ayudar a quienes nos rodean.

El objetivo de nuestra existencia es saciar la sed de Jesús en la Cruz en cada alma, y esto se demuestra poniendo nuestro amor en acción.

Amor en acción es cuando satisfacemos la sed de otras personas en sus necesidades  físicas, emocionales o espirituales — por el amor de Cristo, quien tuvo sed a causa de nosotros.

Hay personas a su alrededor quienes padecen de sed espiritual, aunque no se use ese término hay otros sinónimos para sed espiritual: aburrimiento, infelicidad, insatisfacción, estrés y desesperación.

Personas que están espiritualmente sedientas tienen una gran necesidad de aceptación. Ellos quieren oír la Palabra de Dios. Quieren saber qué hacer con sus vidas.

“Ciertamente se acerca la hora —dice el Señor Soberano—  cuando enviaré hambre a la tierra, no será hambre de pan ni sed de agua, sino hambre de oír las palabras del Señor. La gente deambulará de mar a mar y vagará de frontera a frontera en busca de la palabra del Señor, pero no la encontrarán. En aquel día, las jóvenes hermosas y los muchachos fuertes se desmayarán, sedientos por la palabra del Señor.” Amos 8:11-13 (NTV).

¿No es una descripción perfecta de nuestra sociedad de hoy en día? Personas lucen muy bien en el exterior pero por dentro están vacías. Están: Deprimidas, desalentadas, derrotadas, desesperadas, insatisfechas, saltando de una cosa a otra, buscando lo que les dé satisfacción y saciedad.

¿Cuál es su responsabilidad como creyente hacia estas personas?

La única manera que puede servir a Dios es sirviendo a otros en Su nombre. Ayudándolos a saciar su sed y compartiendo con ellos cómo Dios los ha hecho íntegros no en pedazos.

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La Iglesia: El Lugar donde aprendemos a amar

La Iglesia: El Lugar donde aprendemos a amar

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“Edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no la conquistará.”

(Mateo 16:18b NTV)

Sólo la Iglesia va a durar para siempre.

Nada más va a durar. El negocio no va a durar para siempre. El gobierno no va a durar para siempre. La nación no va a durar para siempre. Sólo la Iglesia va a durar para siempre.

Jesús dijo en Mateo 16:18, “Edificaré mi iglesia, y todos los poderes del infierno no van a conquistarla” (NTV). La Iglesia es la más magnífica idea que Dios o cualquier ser humano jamás pudo haber pensado.

Todo el universo fue creado para la familia de Dios. ¿Cómo se le llama a la familia de Dios? La Iglesia.

La Iglesia no es un edificio. La Iglesia es la familia de Dios. Dios quería una familia, por lo que decidió crear el universo entero sólo para poder crear la Tierra, sólo para poder crear seres humanos y así poder tener la opción libre de elegirlo o rechazarlo. Él sabía que algunos de nosotros elegiríamos amarlo, y Él va a llevarnos al Cielo para ser parte de su familia para siempre.

¿Qué significa esto para ti, si tú ya estás en la familia de Dios? Significa que ya todos vamos a vivir juntos para siempre, por eso es mejor aprender a llevarse bien. Mientras que tú estás aquí en la Tierra, debes amar a la familia de Dios.

No basta con amar a Dios. Tienes que amar a la Iglesia. ¿Quieres saber lo mucho que Dios ama a la iglesia? Él murió por ella. Cualquier persona que dice: “Yo amo a Jesús, pero no necesito la Iglesia”, esa persona no lo entiende. Esa persona es un creyente inmaduro. Mucha gente usa la Iglesia pero no la ama.

¿Amas a la Iglesia? ¿O simplemente utilizas la Iglesia? Cristo murió por ella. Recuerda, si eres parte de esta familia, tienes que aprender a amar a cada creyente en el Cuerpo de Cristo.

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