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Tag Archives: gente

Elige la Fe en lugar del Miedo

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Lo que la gente aprende de tu liderazgo sin que digas una palabra.

Como líder, la gente siempre está ansiosa por descubrir cómo eres realmente.

Es entendible. Uno de los principales atributos de un líder es la confianza. La gente sigue líderes en quienes confían. Si se rompe esa confianza la gente dejara de seguirte.

Muchos líderes saben hablar muy bien. Y eso es bueno.

Pero, los hábitos y las acciones revelan más acerca de cualquier líder que las palabras. Y eso es lo que la gente observa. Como dice el dicho, “hechos dicen más que mil palabras”. Y eso sin excepción es verdad en el liderazgo.

Entonces ¿Qué acciones está viendo la gente? ¿Qué están realmente observando para decidir si eres un buen líder que seguir?

En mi experiencia, hay al menos 5 cosas que revelan quien eres como líder. Es fácil pasar por alto estas 5 cosas, o convencerte a ti mismo de que lo que digas compensará por lo que haces en caso de que tus acciones se queden cortas.

Aun así, nada de lo que diga un líder sobrepasa lo que hace. Tus acciones  – no tus palabras – crean tu liderazgo y tu legado.

Tus acciones  – no tus palabras – crean tu liderazgo y tu legado.

Entonces, ¿qué deberías cuidar como líder?

 

  • Si cumples tus promesas

 

No es necesario que le digas a tu equipo que confíen en ti, para que determinen si pueden confiar en ti.

La confianza, después de todo, es seguridad.

La mejor manera de establecer confianza como un líder es hacer lo que dijiste que ibas a hacer cuando dijiste que ibas a hacerlo.

El reto está en que es mucho más difícil de hacer de lo que parece.

Ten cuidado con lo que prometes.

Se aún más cuidadoso con como lo cumples. Es mucho mejor prometer poco y dar más, de lo que es ofrecer recompensas que no vas a entregar.

Y si te equivocas, acepta la responsabilidad. La gente respeta eso.

Y después has todo lo que esté en tu poder para no repetir el mismo error.

No es necesario que le digas a tu equipo que confíen en ti, para que determinen si pueden confiar en ti.

 

  • Si realmente valoras a tu familia o a sus familias

 

La otra semana estaba hablando con un líder que estaba tratando de decidir cuánto tiempo libre iba a tomarse, aún si había demasiadas cosas que hacer en su iglesia ya que está creciendo muy rápidamente.

Mientras hablábamos de esto, me di cuenta de que lo mucho que el valora a su familia muestra lo mucho que el quisiera que su equipo valore a sus familias.

La mayoría de los miembros de un equipo quieren tener un líder que vaya a casa por la noche a ver a su familia.

Las noches largas, madrugadas y correos durante todo el fin de semana realmente desaniman a tu equipo. También las semanas de siete días de trabajo.

Aun si le dices a tu equipo “toma tiempo libre, yo necesito trabajar”, ellos raramente se sienten seguros en tomar ese tiempo libre.

Desafortunadamente, me tomó años aprender que mis jornadas largas de trabajo le comunican a mi equipo que nunca es seguro para ellos tomar tiempo libre.

Lo mucho que valoras a tu familia muestra a tu equipo lo mucho que valoras a las suyas.

Lo mucho que valoras a tu familia muestra a tu equipo lo mucho que valoras a las suyas.

 

  • Tus verdaderas prioridades

 

No necesitas decirle a la gente cuáles son tus prioridades; ellos las pueden ver.

Muchas veces hay una desconexión entre lo que muchos líderes creen que son sus prioridades y las que realmente son.

¿Qué revela tus verdaderas prioridades?

En las cosas que dedicas tiempo.

En las cosas que gastas dinero.

En las cosas que evalúas el progreso.

En las cosas que das reconocimiento.

Puedes decir que algo o alguien son importantes, pero si nunca inviertes en eso o en ellos, dedicas tiempo en eso o en ellos, nunca evalúas los resultados o retribuyes sus progresos, la gente concluirá acertadamente que no es una prioridad.

Si tú dices que alcanzar familias jóvenes es una prioridad pero tu presupuesto es de $500 al año para ello y te rehusas a poner a los mejores voluntarios y miembros de tu equipo en este proyecto, no es una prioridad.

Como líder, tu calendario y tu presupuesto organizacional revela lo que más valoras.

Como líder, tu calendario y tu presupuesto organizacional revela lo que más valoras.

 

  • Si la gente te importa

 

Los líderes lidian con tantas cosas que es difícil no distraerse constantemente o preocuparse cuando están hablando con alguien.

Es fácil volverse un líder que se sacude a la gente, se ve impaciente y simplemente ve a la gente como el medio para un fin.

La gente no es el medio para conseguir un fin; de hecho son el fin. En último, todos estamos en el negocio de tratar personas.

Cuando conoces a alguien, pregúntate a ti mismo:

¿Te detuviste?

¿Lo Escuchaste?

¿Lo viste a los ojos?

¿Le diste seguimiento?

Como tratas a las personas es una señal de que te importan. O una señal de que no.

Como tratas a las personas es una señal de que te importan. O una señal de que no.

 

  • Como eres realmente cuando estas presionado

 

La mayoría de nosotros nos gusta evaluarnos en nuestros días buenos o en nuestros días promedio.

Y eso marca mucho el ritmo de tu liderazgo

Pero ¿realmente que quiere la gente?

Como manejas las cosas en días malos.

Como respondiste durante tu última crisis te dirá exactamente en donde esta tu carácter.

La mayoría de nosotros mirará atrás hacia la última crisis y respingará. Pero eso está bien: determina la línea base desde la cual se debe progresar.

La crisis revela carácter, y, por mucho que desees que no fuera verdad, tu equipo está viéndote intensamente en tus días malos.

La crisis revela carácter, y, por mucho que desees que no fuera verdad, tu equipo está viéndote intensamente en tus días malos.

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7 Razones por las cuales tus sermones o conferencias pueden tornarse aburridas.

Por Thom Rainer

Si hay una cosa que como comunicador o como líder no deberías ser, es aburrido.

Y aun así, todos los que se comunican, predican o intentan persuadir a alguien con una idea, han descubierto ese sentido de hundimiento cuando han perdido su audiencia.

¿Exactamente, como pasó esto?

Me he comunicado profesionalmente desde que tenía 16 años en la radio, leyes, y por las últimas dos décadas predicando y hablando, a través de los años me he vuelto un estudiante de lo que envuelve a la gente y lo que no.

Aprendí los principios que comparto más adelante porque en un punto o en otro, Los rompí todos.

Aquí hay 7 factores que des- involucran a la audiencia y que son muy fáciles de perder si no los estas observando.

 

  • No entiendes o has hecho empatía con tu audiencia

 

No existe tal cosa como una audiencia ‘genérica’; realmente no puedes conectarte con la audiencia si no los entiendes.

Realmente no puedes conectarte con la audiencia si no los entiendes.

Recientemente pase un tiempo con un amigo hablando de una conferencia en la que ambos vamos a hablar.

Porque Yo conozco mejor que él a la audiencia, él pasó 40 minutos preguntándome exactamente como sería la audiencia, cuáles son sus esperanzas y sus miedos, cuáles son sus luchas y como debemos acercarnos a ellos.

Me sorprendió por algunas razones.

Primero, mi amigo es un autor muy popular del New York Times y habla a audiencias grandes y muy influyentes todo el tiempo. Si alguien pudiera simplemente llegar y hablar, sería él.

Segundo, aunque él tiene muchas más oportunidades para hablar de las que pudiera aceptar, él está infinitamente interesado en las audiencias a las que habla.

El hecho de que sea tan solicitado, de que sea tan bueno en lo que hace y de que le importe tanto la audiencia a la cual le hablará, está todo conectado.

Mientras más te importa tu audiencia, más les importará a ellos lo que tienes para decir.

Mientras más te importa tu audiencia, más les importará a ellos lo que tienes para decir.

 

 

  • Enfócate en lo que la gente necesita saber, no en lo que la gente quiere saber.

 

Hay una tensión para cada comunicador entre hablar a la gente acerca de lo que quieren saber y hablar a la gente acerca de lo que necesitan saber.

Si quieres atraer una multitud, es fácil enfocarte en lo que la gente quiere saber.

Pero cada comunicador sabe que algunas veces sólo tienes que decirle a la gente lo que necesitan saber, aun si ellos no quieren escucharlo.

Ese es un reto especial para los predicadores.

Si siempre predicas lo que la gente quiere saber, probablemente te pierdas lo que la gente necesita saber.

Si solamente te enfocas lo que la gente necesita saber, la gente tendrá una manera de dejar de escucharte.

Cuando la gente deja de escucharte, puede no haber evidencia de que estas siendo fiel (como muchos predicadores dicen que son). Puede ser evidencia de que estas siendo inefectivo.

Cuando la gente deja de escucharte, puede no haber evidencia de que estas siendo fiel (como muchos predicadores dicen que son). Puede ser evidencia de que estas siendo inefectivo.

¿Entonces qué haces?

Aquí es donde he aterrizado. Intento discernir lo que la gente quiere, y luego entrego lo que la gente necesita.

Por ejemplo, poca gente quiere escuchar lo que la Biblia tiene que decir acerca del dinero o del sexo.

Pero como comunicador, si profundizo en porqué Dios nos dio instrucción en esta área y busco el beneficio que Dios pretende dar a la vida de las personas a través de ella, entonces habré aislado lo que la gente quiere escuchar y puedo entregar mejor lo que necesitan escuchar.

Discierne lo que la gente quiere. Luego entrega lo que la gente necesita.

 

  • No has descrito un problema que la gente quiera resolver

 

El problema con la comunicación es que muchas veces no empieza con un problema.

A menudo, los comunicadores o escritores simplemente empiezan.

Tu audiencia está haciendo una pregunta: ¿Por qué debería escuchar? ¿Porque debería seguir leyendo? Tengo problemas que resolver y no me estas ayudando.

Toma eso en cuenta, específicamente.

Casi siempre empiezo las pláticas que hago con un problema que la gente enfrenta-  en el trabajo, en la casa, en su relación con Dios o en sus relaciones unos con otros.

¿Cómo haces eso? Describe el problema en detalle: ejemplo. Estás tan frustrado con Dios porque Él dice que es un Dios de amor, pero lees el Antiguo Testamento y difieres. Y te preguntas si alguna vez podrás confiar en un Dios como ese.

Si realmente quieres que la gente vaya más profundo en esos asuntos, toma el siguiente paso. Haz el problema aun peor. Descríbelo con tanto detalle que la gente ya no esté tan segura de que tendrá una solución.

 

 

  • No expresaste una vieja idea de una manera fresca

 

Para que conste, Salomón tenía razón, no hay nada nuevo bajo el sol.

Realmente, ninguno de nosotros habla de algo nuevo.

Como resultado, es fácil caer en clichés y descripciones comunes de problemas que todo mundo quiere abordar.

Por ejemplo, Yo casi nombro el punto 2 de esta publicación “Estas respondiendo preguntas que nadie está haciendo”. Pero me di cuenta que mientras miraras rápidamente el articulo para ver su contenido pensarías “he escuchado eso miles de veces” y dejarías de leer.

Entonces cambie la expresión del punto a “Enfocarte en lo que la gente necesita saber, no en lo que la gente quiere saber”

Es un poco más fresco.

Otra vez, no es una idea nueva, pero está expresado de una manera más única.

Si tus ideas son simplemente adaptaciones de las ideas de otras personas, la gente te dejará de escuchar.

 

  • No has tallado tus palabras lo suficiente como para hacerlas memorables.

 

Hablé a una pareja hace un par de semanas acerca de unas series que prediqué cuatro años atrás.

Ellos están en sus veintes, entonces eso es casi una quinta parte de su vida en el pasado.

Ellos me citaron la última frase de esas series y me pidieron que la usara nuevamente en su boda.

La última frase era simplemente esto: Gustarse es una emoción. Amarse es una decisión.

Es difícil creer que alguien recuerde algo que dijiste cuatro años antes, pero sucede.

Entonces me dijeron que querían pasar su vida juntos basados en una decisión de amarse el uno al otro, no en una emoción que están sintiendo. Lo que es tan poderoso para mí como pastor es que esa sola línea contenía la dirección para una serie de seis partes cuyas ideas ellos podían recordar. (Si te lo estas preguntando, ese contenido no está disponible en línea por el momento. Quizá pronto lo estará nuevamente).

El poder de las frases que son detalladas con cuidado es  que son memorables, y las frases memorables continúan trabajando años después de que terminaste de hablarlas.

Las frases memorables continúan trabajando en la mente de la audiencia años después de que pronunciaste esas palabras.

 

  • Personalmente no eres dueño del mensaje

 

Hubo una temporada donde era suficiente que la iglesia fuera chévere. Con sermones llenos de humor y risas. Pero la gente está cansada de la labia.

En muchas maneras, lo auténtico es lo nuevo chévere.

Una de las claves para ser autentico es personalmente ser dueño de todo lo que dices. La gente quiere saber que crees en lo que estás diciendo.

En un mundo tan variable en donde tanto es vendido, la gente está buscando algo real.

Se real.

Cuando eres dueño del mensaje – cuando sale de tus entrañas, de la esencia de quien tú eres – este mensaje resuena.

Se dueño de tu mensaje.

Eso quiere decir que lo has procesado profundamente, lo suficiente como para que se vuelva parte de quien eres, no solamente algo que dices.

En un mundo tan variable en donde tanto es vendido, la gente está buscando algo real. Se real.

 

  • Estas confiando demasiado en tus notas

 

Cuando hablas públicamente, la gente no creerá tanto que eres dueño del mensaje si lo estás leyendo.

Parece como un comunicado de prensa. O un argumento que alguien más preparó. O algo que tú crees que ellos deben creer, pero que tú mismo no lo crees.

Yo sé que esto es difícil para la gente que está atada a los manuscritos.

Por favor escúchame: leer de tus notas no quiere decir que no eres sincero, solo quiere decir que la gente a menudo piensa que no lo eres.

Leer de tus notas no quiere decir que no eres sincero, solo quiere decir que la gente a menudo piensa que no lo eres.

¿Quieres el corazón de esto?

Aquí está: No memorices tu plática. Entiéndela.

Tú no memorizas tus conversaciones antes de tenerlas, porque tú las entiendes.

Entonces, entiende tu próxima plática.

Siempre puedes hablar de cosas que tú entiendes.

No memorices tu plática. Entiéndela.

 

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No Nos Corresponde Decidir Quien Merece Ayuda

3 principios para alcanzar a aquellos en necesidad.

Por CRAIG GREENFIELD

 

Mis vecinos fueron desalojados ayer.

Volví a casa y me encontré con todas sus pertenencias – un par de sabanas sucias, una almohada rosa y ropa – apiladas en un charco afuera de la puerta principal de mi casa.

Anteriormente, ellos vivieron amontonados en uno de los pequeños cuartos sin ventana de nuestro corredor. Aparentemente nuestra administradora (una señora muy difícil y adulta, dueña de varias casas por esta zona) decidió que ya no podía mas con sus peleas de borrachos. Entonces, madre, padre y cuatro hijos (edades entre uno y 12) fueron echados a la calle.  Se fueron antes de que me pudiera dar cuenta.  Su desoladora existencia se volvió más desoladora.

Pero aquí está el dilema: No hay duda de que la incesante manera de tomar y pelear de la mamá contribuyó con la situación en la que ahora se encuentran. Ella era difícil de querer y aún más difícil de ayudar. Ella rechazó a sus hijos para poder sentarse a tomar y jugar cartas con los vecinos. Ella gritaba a sus hijas cuando se les olvidaba cocinar el arroz o lavar la ropa, mientras se sentaba a no hacer nada.

LA OBRA DE DIOS AL TRANSFORMAR VIDAS, SE TRATA MUCHO MAS DEL AMOR DE DIOS QUE DE SI LOS BENEFICIARIOS LA MERECEN O NO. NADIE SE LO MERECE. ES POR ESO QUE NECESITAMOS LA GRACIA DE DIOS.

Entonces ¿por qué debería ayudarla?

¿Alguna vez te has dado cuenta de que hay algo en nuestra naturaleza humana que busca encasillar a las personas como “los pobres que merecen” y “los pobres que no merecen”? Fácilmente marcamos como “in merecedores” a aquellos que viven en pobreza y que no parece que trabajan suficientemente duro, o aquellos que pueden ser alcohólicos o adictos. Cuando ponemos a los niños y a aquellos que marcamos como que simplemente están pasando por tiempos difíciles en la categoría de “merecedores” de nuestra compasión y ayuda. Pero preguntar si la gente es “merecedora” o “in merecedora” de ayuda no es la pregunta correcta. Y cuando preguntamos incorrectamente, siempre tendremos la respuesta incorrecta.

Lo interesante es que Jesús lidió con este problema. En su tiempo, la incapacidad y pobreza estaban vistos como un resultado del pecado. Muchos en el mundo aún creen que es de esta manera. Lo llaman Karma – La idea de que tus pecados en tus vidas pasadas impactan directamente esta vida. Pero Jesús rechazó este análisis. Cuando los discípulos se atravesaron con un hombre ciego, ellos querían que Jesús les dijera quién causó su condición. En cambio, Jesús escogió mostrar la más importante verdad:

—Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida. (Juan 9:1-3).

Jesús dejó claro que la obra de Dios en transformar vidas se trata más del amor de Dios que de si los beneficiarios la merecen o no. Nadie se la merece. Es por eso que necesitamos la gracia de Dios. En Mateo 25, Jesús no categoriza a la gente basándose en si son “pecadores” ni los juzga por si ya han tenido múltiples oportunidades. Su obra fue simplemente para alcanzar a aquellos cuyas necesidades no habían sido alcanzadas y amarlos: “Tuve hambre. Tuve sed. Estuve desnudo. Estuve preso. Estuve enfermo”.

He aprendido a mantener estos tres principios en mente mientras me relaciono con aquellos que pueden ser vistos como “inmerecedores” en mi propia vida y ministerio. Y creo que te pueden ayudar a ti también:

  1. Extiende la misma Gracia quejas recibido.

“Haz a otros lo que quieras que te hagan a ti” es bellamente aplicable en esta situación. Después de todo, todos hemos pecado y nos hemos quedado cortos con los estándares de Dios para nuestras vidas. Si medimos cuanta gracia, perdón y amor merece cada uno de nosotros, tú y yo, nos quedaríamos cortos.

No estoy sugiriendo que ignoremos el pecado o permitamos a alguien comportamientos destructivos. Soy apasionado de la transformación. Pero reconozco esto “Ahí, pero por la gracia de Dios voy yo “. Yo no sé de cuáles demonios esté buscando escapar mi vecina. Yo no sé qué traumas o abusos ha sufrido ella por las manos de otros. Yo no la conozco lo suficiente para juzgarla. Solo Dios sabe. Entonces mi rol es simplemente amarla, servirle, y orar por un cambio.

  1. Busca comprender, en lugar de juzgar.

Somos rápidos para etiquetar a aquellos que vemos como in merecedores, usando términos como “divas” y “flojos”. Y al hacer eso, los juzgamos como in merecedores de nuestro amor y esfuerzo. Yo no creo que esta actitud refleja el amor de Jesús. En lugar de eso, busca comprender en lo individual que le sucede a una persona que es desmoralizada, envuelta en comportamientos destructivos, o buscando suplir sus necesidades de formas no saludables.

SI MEDIMOS CUANTA GRACIA, PERDON Y AMOR MERECE CADA UNO DE NOSOTROS, TU Y YO, NOS QUEDARIAMOS CORTOS.

Segundo, busca entender las razones sistemáticas de pobreza y como la gente terminó siendo marginada y echada fuera del sistema (y por tanto desmoralizada y envuelta en hábitos destructivos). Para aquellos de nosotros que venimos de trasfondos privilegiados, busca entender tus privilegios, para que puedas entender mejor la pobreza. Reconoce que es mucho más fácil para alguien con recursos recibir ayuda con una adicción o esconder el problema. Este es un punto ciego para la mayoría de las personas de un trasfondo pudiente y educado, pero es absolutamente crucial que nos involucremos en esta manera de pensar, o terminaremos  haciendo más daño.

 

  1. Haz Las preguntas correctas

La pregunta no es si la persona “merece” o “no merece”. La pregunta correcta es “¿Cómo puedo hoy extender de la mejor manera el amor de Dios a esta persona?” o “¿Cuál sería la acción más amorosa y transformadora en la vida de esta persona?” Estas preguntas nos invitan a alejarnos del juicio y acercarnos a la transformación. Estas preguntas nos permiten responder con el tipo de gracia que Jesús nos ofreció primero a nosotros.

Una noche, un par de semanas atrás, escuché el sonido de un llanto afuera de mi casa. Prendí las luces y al abrir la puerta, encontré a mi vecina alcoholizada temblando en el suelo, gimiendo y llorando. Ella había tomado mucho y tenía un ojo morado. Tuvo otra discusión con su esposo y estaba lista para desahogarse y dormir afuera. Me arrodillé detrás de ella, tratando evitar la suciedad en que estaba recostada, y la escuche hablar acerca de sus problemas por un tiempo. Ella había tocado fondo y lo sabía. Pero no podía ver una salida. Mi llamado en ese momento y en cada interacción con ella, es simplemente extender amor, gracia y tratar de ayudarla a encontrar un mejor camino.

Yo sé que Jesús puede sanarla y liberarla. Yo sé que cuando Dios la ve, El ve a su hija amada que desesperadamente necesita amor, gracia, perdón y transformación. Quizá ella no sea lo que la mayoría de personas, incluyéndome, vemos como “merecedora”. Y precisamente eso, es lo que nos hace excelentes candidatos para la gracia.

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Necesitamos recuperar a la gente.

Necesitamos recuperar a la gente.

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Una de las características mas resultantes que Jesús estableció para la iglesia es el concepto de comunidad. Un conjunto de personas de diferentes culturas o estilos de vida pero que tienen en común un mismo Dios, una misma Fe, un bautismo.

La base esencial de la iglesia y del ministerio son las personas.

En Mateo 22:36-40 Jesús recibe la pregunta de un escriba:

—Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?

—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”—le respondió Jesús—. Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.

El orden es claro, amar a Dios sobre todas las cosas en primer lugar y luego amar al prójimo. Jesus nos dió ejemplo de amar al Padre sobre todo lo demás, pero también nos demostró su amor por las personas, al servirles e interesarse genuinamente por sus problemas y necesidades.

Como líderes nunca podemos exaltar los programas por encima de las personas, y ademas debemos ser capaces de romper protocolos para poder atender a las personas.

En una oportunidad el Pr. John Osteen estaba predicando en su congregación de más de 7.000 personas, mientras enseñaba se percató de una pareja presente que hacía poco habían perdido a su bebé de una manera trágica, él simplemente paró la enseñanza y se acercó a ellos, llamó a su esposa y le pidió que le acompañara, y ambos tuvieron unos minutos de compartir unas palabras con ellos, mientras más de 6.997 personas esperaban viendo todo lo que ocurría.

El Pr. Osteen simplemente era capaz de atender las necesidades de las personas y romper el protocolo si era necesario para traer paz y aliento a otros. Este pastor definitivamente aprendió de Jesús el valor que tienen las personas por las que nuestro Señor murió.

Es un mandamiento amar a otros y como iglesia aun más, se convierte en una misión para que todos puedan conocer al Señor.  Amar a la gente se puede expresar de muchas maneras, pero el lenguaje mas usado por Jesús fue el servicio, servicio sin manipulación.

No servimos esperando algo a cambio, no servimos para que las personas vengan a nuestra iglesia, servimos porque amamos a la personas y no concebimos nuestras vidas de una forma distinta.

 Jesús murió y resucitó para redimir a cada persona en este mundo. La misión de la iglesia es dar a conocer este mensaje, y la mejor forma de compartirlo es el amor.

Observa tu ciudad, ¿Cómo se vería si las iglesias se preocuparan más por las personas y les sirvieran con un amor genuino?

Debemos recuperar a las personas por las cuales Cristo entregó su vida.

Tomado del libro Proyecto 2T2 de Soluciones Juveniles

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